Sé que es extraño que les diga que soy una casa y que quiero contarles una historia. Y sé que les va a parecer aún más extraño si les digo que soy una casa encantada. Y cuando digo que soy una casa encantada, no me refiero a que esté encantada de contarles la siguiente historia. De hecho, me da mucha vergüenza contárselas, porque soy una casa tímida. Pero la historia de mi amiga Valeria me pareció tan especial que vi necesario hacer un gran esfuerzo en compartirla por esta única vez. Así que, para iniciar el relato, primero terminaré de explicarles que cuan do digo que soy una casa encantada me refiero a que en mi interior pasan cosas sorprendentes, cosas que hacen gritar a las personas cuando entran e investigan, con los ojos bien grandes, llenos de curiosidad, todo lo que ven a su paso. Tal como le ocurrió a Valeria la primera vez que ingresó y...